"No hay duda, en efecto, de que tú, huyendo del mundo, puedes caerte desde el cielo a la tierra, mientras que yo, permaneciendo en el mundo, siempre podré alzar el corazón al cielo. Y si tú, a tu familia, a tus hijos, al prójimo, a los amigos, a tu Estado, que todo lo abarca, provees y sirves, y piensas en todo ello, no podrás dejar de alzar el corazón al cielo y de complacer a Dios. Y acaso así, ocupado en eso, le complacerás más, pues no pretenderás sosegarte en Dios solamente para ti, sino con Él, a quien tanto le agradan esas cosas, ya sean las necesarias para la familia, ya aquellas que son gratas a los amigos, o las que son saludables para el Estado; y así te unirás a Él y actuarás según el poder que te habrá dado. Ya sé, y no quiero disputar ahora sobre eso, que es más alta y más perfecta la vida de aquellos que contemplan el divino objeto que antes que nada y sobre todo debemos y somos llamados a amar. Es una vida más perfecta que la de cuantos están inmersos en la acción, pues unos contemplan y aman a Dios, mientras que los otros, aun amándolo, proveen y sirven a la criatura. Éstos, si son perfectos, lo hacen por amor a Dios, pero otras veces, contaminados por el error o la maldad, sirven a la criatura por ella misma. Y será también más perfecta la contemplación, de duración tan inacabada que, como dice la Verdad, María eligió la parte mejor, la que no le podía ser quitada; en efecto, el amor continuará desde la vida presente hacia el futuro, puesto que, tal y como aquí piensa en lo eterno, allá se unirá y gozará de lo eterno. Será más sublime, por la altura de los pensamientos, más suave, por la dulzura de la paz y la meditación, y más completa, por tener necesidad de menos: será más divina, porque considera más las cosas divinas que las humanas, e incluso más noble, por ser ejercida por el intelecto, que es la parte más noble del alma y, entre todos los seres animados, sólo a nosotros conviene; será, finalmente, más digna de amor, y tal vez, como dice Agustín, habrá que buscarla por amor a lo verdadero. No obstante, también la vida activa, de la que huyes, debe ser practicada, ya por ejercitar la virtud, ya por la necesidad de amor. En realidad, como dijo Aristóteles, es mejor filosofar que enriquecerse, pero el filosofar no ha de ser elegido por aquel que esté falto de lo necesario para ello. Es mejor la vida contemplativa, pero no siempre, ni para todos, ha de ser preferida. Es inferior la vida activa, y, aun así, en muchos casos ha de ser preferida. Dependiendo aquélla, en efecto, de la voluntad, y ésta de la necesidad, aunque no estando de tal manera vinculada al ser como para no procurar ni considerar el bien, ¿crees tú que ese camino y esa vida no dan acceso al cielo? Acaso también por ser la beatitud eterna acto y no hábito, y estar constituida por el amar, el ver y el gozar, y terminando en ella todo proceso discursivo, tanto de la especulación como de la contemplación, puesto que allí veremos lo que es tal como es; y, teniendo esto en cuenta, no estará fuera de lugar decir que, tal y como la vida contemplativa precede en acto a la vida activa, puesto que la produce y la genera, así igualmente, cuando hayamos salido de este mundo, la seguirá."

Eugenio Garin
El Renacimiento italiano


... para definir los progresos de la astronomía y la crisis de la astrología es realmente necesario abordar todo el entramado de temas que caracterizó la investigación entro los orígenes humanísticos del Renacimiento y la gran etapa científica del maduro Seiscientos.

Eugenio Garin
El zodiaco de la vida, página 30


"Justamente el el De fato encuéntrase de hecho Salutati abocado a ajustar cuentas con la geomancia y con sus relaciones con la astrología. Ahora bien: la geomancia se extralimita de la llana consideración de las configuraciones astrales y, por tanto, de las teorías de las conjunciones y de los nacimientos, para empalmar con las doctrinas y las técnicas de las interrogaciones y las elecciones, es decir, de las preguntas y las opciones a propósito de acontecimientos particulares, a propósito de casos particulares de la vida. Y no sólo esto: interrogaciones y elecciones tienen un sentido en cuanto se presenta la posibilidad de soslayar el destino mediante un adecuado conocimiento preventivo, en cuanto se ofrezca continuamente al hombre una opción mediante la cual puede evitar un determinado acontecimiento infausto. Sapiens, ni más ni menos, dominabitur astra.
Si la configuración del cielo en el momento del nacimiento (o de la procreación) define la suerte del hombre; si las conjunciones tabulan en los milenios la sucesión de las religiones y los imperios, decidiendo las vicisitudes de la colectividad humana, los procedimientos de las "interrogaciones" y de las "elecciones", con los cuales se conecta también la geomancia, sustituyen por filiación fatal del hombre a los planetas la que se ha considerado una suerte de filiación electiva. Por utilizar, adaptándola, una expresión platónica, si es cierto que el demonio (o la estrella) escoge al hombre, no es menos cierto, empero, que el hombre, a su vez, parece capaz de escoger el demonio (o la estrella)."

Eugenio Garin

El zodiaco de la vida, página 59-60

















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