Frank Conroy

"Cada vez que terminaba un capítulo me quedaba exhausto, y salía a beber y a perseguir faldas. La gente imaginaba que yo sabía lo que estaba haciendo. Pero no lo sabía. El libro no fue otra cosa que un acto de fe."

Frank Conroy


"El mundo real se evaporaba y yo podía vagar en la fantasía, viviendo mil vidas, a cual más poderosa, más accesible y más real que la mía."

Frank Conroy


"Fui a mi habitación —una cama, un armario, una mesa y cientos de novelas en edición de bolsillo— y cogí mis libros de texto. Al verlos sentí una leve pero inconfundible náusea. No había hecho los deberes.
Avancé por el largo y oscuro pasillo hasta la puerta principal, los ojos legañosos, el cerebro entumecido. De alguna forma inconsciente me había entrenado para salir de casa antes de haber recobrado por completo el conocimiento. Me despertaba en la esquina de la calle, esperando el autobús, con los libros bajo el brazo y una pequeña aglomeración de gente alrededor, como un hombre en el escenario de un teatro que de repente, cuando el hipnotizador lo devuelve a la consciencia, se halla en medio de un acto completamente normal pero inexplicablemente misterioso.
Fichar en el reloj registrador era un juego fascinante. Mi tarjeta parecía existir en un plano de la realidad mucho más elevado que el mío. Habría ido a trabajar únicamente para llevar la tarjeta en la mano. Mi nombre destacaba ostensiblemente. Los números en tinta de color púrpura se apelotonaban uno al lado del otro. Me tranquilizaba, e incluso me aliviaba, saber que había algo de mí digno de quedar registrado.
Las mangas de mi chaqueta gris de auxiliar estaban tan planchadas y almidonadas como dos listones de madera. Cuando me la ponía tenía que meter el puño como una cuña para separar los dos lados de la manga. En la puerta me paraba a comprobar si llevaba la bragueta bien cerrada. Con la palma de la mano extendida sobre la señal de SILENCIO y entraba en la sala de lectura.
Un vasto espacio se extendía sobre mi cabeza. Por un segundo sentía con aprensión que todo el mundo me miraba. Hileras y más hileras de mesas. Lámparas de luz amortiguada por una tulipa verde. Las chicas trabajando con la cabeza gacha, garabateando con los bolígrafos que suenan como los murmullos de una multitud."

Frank Conroy
Stop-Time


"Lees, lees, lees, lees y entonces comienzas a escribir."

Frank Conroy


“No había cambiado nada. Excepto yo.”

Frank Conroy
Stop-Time






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